Alice Feiring es una periodista especializada en vinos que colabora con el New York Times. En el año 2010 lanzó su último libro “La batalla por el vino y el amor. O cómo salvé al mundo de la parkerización”, donde hace una denuncia explícita de la influencia que tienen críticos como Robert Parker Jr. en la estandarización de los vinos.
La escritora fallida y enóloga consagrada describe en su libro cómo el poder del crítico ha llevado a estandarizar los vinos a partir de una ecuación simple pero eficaz: si Parker puntúa bien una etiqueta ese vino logra buenas ventas y las bodegas mayores ingresos. Esto hace que todos se esfuercen por hacer vinos que le gusten a Parker.
A continuación el reportaje que revista Bacanal le realizó a Alice Feiring:
- En tu libro Parker es un hombre cuya influencia parece inamovible. ¿Ha crecido aún más en el último tiempo?
-Conserva mucha influencia, sin dudas, sobre todo en áreas que son su especialidad, como Bordeaux. Pero más allá, su poder pareciera ir decreciendo.
- Hacés foco en Parker, pero hay más críticos. ¿Quién otro ostenta su poder?
-Nadie. Y probablemente no haya alguien más que pueda de aquí en más. El problema con Parker es que ha impuesto la idea de que existe un solo vino y unas papilas perfectas que pueden hallar el vino perfecto. Pero el vino es más diverso y la gente parece darse cuenta.
-¿Hay chance de recomendar vinos a un público no entendido sin caer en puntajes?
-Seguro: palabras como “amo este vino” son los nuevos puntajes. Verás, los consumidores siempre necesitarán una guía para elegir qué comprar. En eso, el peso de los críticos es clave: probamos muchos vinos y tenemos opiniones. La tarea de un consumidor, en cambio, es encontrar al crítico que tiene un paladar similar.
-Te gustan los vinos auténticos. ¿Recomendarías algunos vinos argentinos?
-Sólo he probado vinos de Weinert, Bodegas Carmelo Patti y Familia Cecchin, que trabajan buenos productos auténticos. Claro que me gustaría probar más de la Argentina. Pero a juzgar por lo que llega a mi país últimamente, me parece que la cosa está medio confabulada.
-¿Qué pasa cuando una gran bodega necesita crear un estándar de producción para cumplir con calidad, precio y buenos vinos?
-No creo que una bodega grande necesite hacer estándares a menos que quiera entrar en el plano comercial, donde no hay vino fino. El crimen es vender calidad supermercado, sin distinción, como si fuera un vino fino. Se pueden hacer productos honestos en gran volumen sin caer en manipulaciones.
-¿Hay un mercado que les permita a los vinos naturales ser un negocio de escala como lo son los vinos que llamás comerciales?
-Claro, en Estados Unidos e Inglaterra hay varias compañías que sólo comercializan vinos naturales. Gente como Louis/Dressner, Savio Soares, Jenny & Francois o José Pastor están en el negocio. Tampoco veo inconveniente en que compañías de la escala de Trapiche o Catena, por citar dos casos argentinos, pueden desarrollar una línea de vinos naturales, de igual forma que lo hacen las compañías de alimentos.
-¿Y a precios razonables?
-Bebo mayormente vinos naturales y gasto hasta once dólares de mínima (que es muy poco en EE.UU.), pero si estás dispuesto a gastar entre 15 y 20 dólares, encontrás vinos fascinantes.
-La última, leyendo tu libro me descubrí pensando que Alice Feiring sería una típica norteamericana francófila que quiere “evangelizar” a su audiencia. ¿Te ves así?
-No estoy segura de cómo me veo. Sé que me encantan los vinos europeos y no sólo los franceses. Pero a mí me motiva escribir sobre gente que tiene el compromiso de trabajar con respeto por el terroir, para que sus vinos ganen reconocimiento. No quiero evangelizar sobre un sabor en particular. En todo caso, lo mejor que me ha pasado desde que publiqué el libro es que cada tanto me encuentro con gente que me dice “pensé que había algo malo en mí, porque no lograba hacer que me gustaran los vinos bien puntuados por Parker. Ahora sé que hay un mundo para descubrir”.
Fuente: revistabacanal.com.ar

