Carlos Tomada: “Todos los años aparece algún motivo de tensión en la negociación salarial”

Reportajes.com 1 de diciembre de 2011 0
Carlos Tomada: “Todos los años aparece algún motivo de tensión en la negociación salarial”

El ministro de Trabajo dialogó con Revista Debate sobre el conflicto en Aerolíneas Argentinas, analizó el entramado sindical y dio su perspectiva del mundo laboral. Afirma que “remontar Aerolíneas del lugar en que estaba en 2008 ha sido un enorme esfuerzo”

Carlos Tomada lleva ocho años como ministro de Trabajo del Ejecutivo nacional. Entre el 2003 y el 2007 durante la presidencia de Néstor Kirchner; desde 2007 con Cristina Fernández. A lo largo de ambas gestiones se ha visto involucrado en diversos conflictos laborales en los que ha jugado el papel de una especie de mediador.

Uno de los conflictos más recientes -tal vez el que mayor lugar ocupó en los medios de comunicación- tuvo epicentro en Aerolíneas Argentinas, una empresa reestatizada en 2008. “No negamos ni la existencia ni la necesidad de conflictos pero este tipo de conflictos requieren no afectar el escenario productivo del país”, explicó Tomada en una de sus conferencias, siguiendo claramente la premisa indicada por Cristina de “defender a rajatabla el crecimiento”.

“No podemos desconocer que apareció un tipo de conflictividad distinta, la intersindical, que provoca disputas que debemos atemperar y debemos ‘normativizar’”. indicó Tomada.

Sobre la realidad de Aerolíneas y sus conflictos, la situación del sindicalismo y lo que espera para el 2012 habló Carlos Tomada con Revista Debate en una extensa entrevista:

- Aerolíneas tiene una larga historia de conflictos de distinta índole. Algunos fueron utilizados como argumento o excusa, en su momento, para defender su privatización. Luego, en su gestión privada, se profundizaron algunos y aparecieron otros. ¿Cómo evalúa la situación de la empresa hoy?

- En esa perspectiva de trayectoria, todos recordamos que Aerolíneas Argentinas era una empresa de las que nos sentíamos orgullosos y cuyo funcionamiento, cuando estaba en ámbitos del Estado, no suscitaba mayores críticas. Al contrario, tenía un gran reconocimiento. Luego, al calor de la ola neoliberal, Aerolíneas fue elegida como una de las empresas insignes para iniciar el proceso de privatizaciones. Aerolíneas y Entel fueron las dos primeras, lo cual dio a esa enajenación un profundo carácter ideológico, más que de verdadera y real búsqueda de eficiencia. A ese proceso se le opusieron muchos sectores. En primer término, las organizaciones sindicales, que continuaron sosteniendo esa postura durante todo el período que estuvo en manos de distintos operadores privados. Pero, también, otros sectores. Esta etapa privatizadora continuó hasta que la Presidenta, en virtud del estado calamitoso en que estaba la compañía, decidió su regreso a manos del Estado.

- El balance no deja de ser positivo, entonces.

- Hay que recordar, como hizo el ministro Julio De Vido, que entonces la compañía tenía sólo 28 aviones en operaciones y hoy tiene sesenta. Remontar Aerolíneas del lugar en que estaba en 2008 ha sido un enorme esfuerzo. Se han corregido un montón de distorsiones que soportaba la compañía, pero lo más importante es el objetivo que marca la mayor diferencia: el trabajo es para mejorar una empresa que es de todos los argentinos, para que todos nos sintamos más orgullosos aún.

- El cuadro sindical del sector y de la empresa, en particular, parece bastante complejo y enmarañado, con representaciones en disputa, incluso, de difícil comprensión para quienes no siguen de cerca el tema.

- Tiene la complejidad de una relación laboral en el interior de una empresa con seis sindicatos. Si a eso se le agrega una serie de disputas intersindicales y tensiones de las cuales muchas veces la empresa es ajena o en las que se utiliza la empresa para dirimir conflictos de otra índole, la situación se complica más. Las relaciones laborales de la empresa tienen una incidencia en el funcionamiento de la compañía tal vez excesiva en relación con lo que es normal en cualquier empresa, de cualquier tipo. Este es un dato objetivo que nadie puede desconocer. A eso hay que agregar que esa heterogeneidad de sindicatos motiva comportamientos cruzados y diferentes. Hay sindicatos que unas veces están a favor de lo que está pasando y que a los cuatro meses están en contra. Además, los gremios pretenden, en particular dos de ellos, tener una clara y muy fuerte incidencia en la toma de decisiones en la administración de la empresa.

- La Presidenta dijo que no era un conflicto “laboral” sino “intersindical”. Usted lo reafirma. ¿Cree que ahí está el núcleo del problema de la empresa?

- El núcleo del problema está no solamente en algunos de los conflictos intersindicales, sino también en la pretendida y explícita pretensión de esos gremios de conducir la compañía, de imponer y de presionar para imponer su criterio en el manejo de Aerolíneas.

- Se habló de una especie de boicot. ¿Lo presentaría en esos términos?

- No le voy a poner un nombre tan explícito, porque no sé si corresponde. Pero una empresa que está sometida a este tipo de conflictividad inacabable, cualquiera sea la gestión, cualquiera sea el tipo de decisión que se tome, no puede funcionar con normalidad. Cuando se toman decisiones en un sentido siempre hay alguna organización que se alza en contra de esa decisión y, a partir de ahí, se produce un daño que paraliza a toda la compañía. Y esto por cómo está organizada una empresa aérea, que es casi un mecanismo de relojería. La sola decisión de un sector, por más que sea hiperminoritario, produce un inmediato desequilibrio en el funcionamiento de la empresa.

- Respecto de la complejidad sindical, ¿es posible caminar hacia un mayor reordenamiento, o eso sería entrar en un terreno más farragoso?

- Desde que el Estado se ha hecho cargo de la empresa lo que ha predominado, sin lugar a dudas, es un espíritu de diálogo y de permanente búsqueda de consenso. La prueba de ello son las actuales condiciones de trabajo y salariales que tienen quienes trabajan en Aerolíneas Argentinas, o el incremento importante en la dotación de personal. Si algo no ha faltado en la empresa es respeto por los derechos laborales, incluso llegando a generar, en muchas oportunidades, beneficios que son incomparables con el resto de las compañías aéreas y con la media del trabajo de la Argentina.

- Que se haga alusión, persistentemente, a la presencia de La Cámpora, más allá incluso del desempeño que tenga la empresa, ¿le hace pensar en alguna cuestión política en particular?

- Sí, es una simplificación que a lo único que apunta es a descalificar el actual equipo de conducción en Aerolíneas. El doble estándar con el que se analiza ese tema causa gracia. En los mismos medios que exaltan a los jóvenes empresarios, cuando se trata de hablar de quienes conducen la empresa, la palabra joven empieza a tomar un tono descalificante. Es poco serio y poco relevante a los efectos de lo que realmente importa: que Aerolíneas cada día esté mejor.

- En el mismo sentido, ¿tiene un componente especial este conflicto, teniendo en cuenta que hay un Recalde de por medio, apellido tan ligado al movimiento sindical?

- No. Me parece que eso pasa más por lo anecdótico. Como me decía Héctor Recalde días atrás, hace rato que Mariano Recalde accedió a la mayoría de edad y a la autonomía de sus decisiones. Ambos están cumpliendo roles diferentes e importantes en esta etapa de nuestro gobierno. Pero nada más que eso.

- Antes hacía referencia a dos gremios en particular. ¿Se refiere a la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA) y a la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA)?

- Supongo que ellos deben creer que son representantes de los trabajadores y, en ese terreno, plantean todos sus reclamos. Pero, objetivamente, hoy cumplen un rol que traba el normal funcionamiento de la empresa y pretenden ser los portadores de una única verdad. Todos debemos actuar con más humildad y aportar propuestas, pero no pretender imponer condiciones.

- ¿Qué pasará con la personería gremial de APTA?

- Ahí hay que entrarle al tema desde otra perspectiva. Nuestra cuestión no es afectar la personería de ningún sindicato. Y esto estuvo siempre claro. Pertenezco a un gobierno que tuvo una postura muy clara con respecto al rol de los sindicatos y su participación en la democracia, y la necesidad de contar con un sindicalismo fuerte. En estos años, hemos procesado miles y miles de conflictos de todo tipo, y siempre hemos respetado los distintos protagonismos. Estamos en un proceso de crecimiento económico que prioriza el empleo, la inclusión social, la participación sindical. Acá de lo que se trata es que las relaciones laborales tienen reglas de juego que todos debemos respetar porque vivimos en democracia y creemos en la mejora de las condiciones en forma permanente. Esas reglas implican, en este caso, que deba acatarse la conciliación obligatoria.

- ¿Qué vendría a ser eso, en términos concretos?

- La conciliación obligatoria es una restricción temporal y conciliatoria que difiere o mediatiza pero no prohíbe el derecho de huelga. Toda la jurisprudencia, toda la doctrina y las normas de la Organización Internacional del Trabajo, admiten que haya siempre un espacio para la conciliación durante la administración del conflicto. Obviamente, siempre que no impida el ejercicio del derecho de huelga, que en la Argentina está largamente garantizado y, muy especialmente, por este Gobierno, que puede dar testimonio permanente al respecto. Ahora, por esa misma razón, porque la conciliación es obligatoria en la primera etapa de la administración del conflicto, el desconocimiento de este trámite conciliatorio reviste gravedad institucional, porque pone en emergencia el sistema de administración de conflictos del país. Necesitamos, pedimos y exigimos que se acate la legislación vigente en materia de administración de conflictos.

- ¿Fue lo que no pasó en este caso?

- Fue lo que no pasó, pero algunos pretenden colocar la interpretación en otro lugar. Primero, la conciliación obligatoria es un instrumento a favor de las partes, a favor de los trabajadores y las organizaciones sindicales, como puede ser, en otra instancia, a favor de los empleadores. En mis largos años de gestión en la administración de conflictos tuve sindicatos que me han pedido que dictara la conciliación, empresarios que se han enojado porque la dictamos, empleadores que me han pedido que la decretásemos y sindicatos que se han opuesto. ¿Por qué? Precisamente, porque es un instrumento para el equilibrio en las relaciones laborales, porque genera un espacio para la negociación en momentos en que ya no lo hay, un espacio de paz imperativa. Es un período corto, de quince días, finalizado ese plazo se retoman todos los derechos inherentes al derecho de huelga.

- Una lectura posible es: se quiere evitar que, con este no acatamiento de la conciliación se genere un precedente para el sector privado.

- Alguien decía “por qué esto ahora”. No es así, nosotros siempre hemos exigido el cumplimiento de la conciliación obligatoria, tal como está establecido por la ley 14.786, que tiene sesenta años de vigencia ininterrumpida y pacíficamente aplicada. Lo que sí tenemos que hacer es contextuar en qué momento se hace. Y esto lo digo porque hay algunas voces, también, que se olvidan del factor contexto.

- ¿A qué se refiere?

- Por un lado, no es lo mismo este Estado, administrado por nuestro gobierno, que tiene el oído atento y la predisposición absoluta a escuchar los reclamos, a respetar el derecho de huelga, que gobiernos anteriores que tuvieron una actitud seriamente restrictiva tanto del derecho de huelga como de los reclamos de los trabajadores. Por el otro, la situación de 2004 o 2005 no es la misma que la actual. De lo que estamos seguros es que siempre respetamos la posibilidad de que el conflicto se expresase. Siempre. Nadie con honestidad intelectual puede desconocer esto. Ahora, no es lo mismo administrar el conflicto en tiempos de una ocupación del quince o del veinte por ciento que en tiempos en donde estamos más cerca del pleno empleo. No es lo mismo cuando la conflictividad social de todo tipo estaba en llaga viva a lo que sucede ahora que, afortunadamente, el proceso de inclusión social ha cambiado la estructura ocupacional de la Argentina e, incluso, ha mejorado todos los indicadores sociales.

- En las referencias oficiales al tema se dijo que había que pensar a Aerolíneas con la lógica de la rentabilidad y la competitividad. ¿Significa un cambio de criterio en el manejo de la empresa?

- No me parece que deba ser leído así. Son, como dijo la Presidenta, cuestiones de sintonía fina. Quienes quieran ver, como están intentando hacer en cada una de las decisiones que toma la empresa, una suerte de modificación de la dirección y de los objetivos que este proyecto tiene, desde el 25 de mayo de 2003, me parece que se equivocan. También se equivocarían aquéllos que piensen que se puede seguir administrando o tomando las mismas medidas en un contexto que, afortunadamente, ha cambiado.

- Esta disputa “intersindical”, ¿puede darse en otros sectores de actividad?

- En su discurso en la UIA, la Presidenta dedicó un párrafo a esa nueva conflictividad que está presente desde hace ya unos años en la Argentina; novedosa en cuanto a su extensión, pero no en cuanto a su existencia. Los conflictos de encuadramiento sindical, por ejemplo, entre la UOM y Smata, siempre existieron en nuestro país. La cuestión es la cantidad y el método de procesamiento. Los de UOM y Smata, por ejemplo, siguen existiendo, pero en el 99 por ciento de los casos son procesos absolutamente normales, desde los procedimientos administrativos o legales, sin necesidad de intervenir en el funcionamiento productivo de nuestro país. Muchas veces estos conflictos tienen razones muy legítimas, como cambios en la organización del trabajo, modificación de los insumos, actividades que desaparecen y otras nuevas que emergen… Lo que está en cuestión, en todo caso, es que este tipo de conflictos entre sindicatos no afecte el funcionamiento de una compañía. Puede haber todas las instancias de conflicto que se quiera, pero debe darse en un contexto de paz social. No puede ser que la disputa por la representación de los trabajadores tenga en vilo a distintas sectores de la producción de bienes y servicios de manera sistemática y permanente. Esto es lo que la Presidenta ha expresado.

- Precisamente, la Presidenta dijo que se venía una etapa de “sintonía fina”. ¿Qué implica eso en términos laborales?

- Sintonía fina, en un proyecto político que va a seguir siendo de crecimiento económico, significa más inclusión social, con más trabajo registrado como motor fundamental. No se puede leer de otra forma. Cuando hablamos de sintonía fina también hablamos de profundizar y de mejorar el combate al trabajo no registrado, de concretar la regulación de colectivos que hoy están sumamente precarizados, como los trabajadores en casas particulares, los rurales o de talleres textiles. Pero también la sintonía fina tendrá que ver con la sanción de una ley de riesgos de trabajo… Son las tareas que todavía tenemos pendientes. En definitiva, sintonía fina tendrá que ver con extender y profundizar, en congruencia con las políticas industriales y agroindustriales que se han establecido con carácter estratégico, las políticas de formación profesional que acompañen esta etapa de desarrollo de la Argentina.

- ¿Cómo ve la discusión salarial del año próximo? ¿Supone que puede darse en términos de mayor conflictividad?

- Todos los años aparece algún motivo por el cual la tensión en la negociación salarial sería particularmente terrible e insoportable. Cito: año electoral, crisis internacional y un largo etcétera. Y, sin embargo, la responsabilidad de nuestros dirigentes sindicales y empresarios siempre hace que la negociación colectiva sea fructífera, a tal punto que se haya convertido en un activo social, en algo que todos deseamos cuidar, porque es el instrumento más democrático que existe.

- ¿Cuáles son los tres grandes ejes que destaca de estos ocho años de gestión?

- Ante todo, me enorgullezco de haber sido el ministro de Trabajo de Néstor Kirchner y, luego, de Cristina Fernández de Kirchner, presidentes que colocaron el trabajo como un eje fundamental de todas las políticas del país y lo han sostenido a lo largo de estos ocho años y medio. El haber sido el ministro de semejantes presidentes le puedo asegurar que es el primer y legítimo orgullo que me llevo. En términos de las acciones concretas, haber participado de la recuperación de las negociaciones colectivas, haber recuperado el salario mínimo, haber colaborado en la recuperación de la participación sindical, haber lanzado el más ambicioso programa de formación profesional y de inserción laboral me parecen de una importancia gravitante. Es un cambio cultural que me hace sentir orgulloso, aunque todavía falten cosas por hacer.

Fuente: www.revistadebate.com.ar//2011/11/25/4743.php
Foto: alsurinforma.com

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