José Pablo Feinmann: “Las corporaciones no van a poder con Cristina”

Reportajes.com 26 de diciembre de 2011 0
José Pablo Feinmann: “Las corporaciones no van a poder con Cristina”

El filósofo más conocido de la televisión argentina dialogó con revista Debate y dio su visión acerca del lugar que ocupará Cristina Kirchner en la historia argentina. Además se animó a describir cuáles serán los desafíos del Gobierno para el año próximo

José Pablo Feinmann es un licenciado en Filosofía nacido en 1943. Fue profesor universitario en la Universidad de Buenos Aires durante la década del ’70 y es escritor de varios éxitos, incluyendo Filosofía y Nación (1982), un excelente ensayo, y La astucia de la razón (1990), considerada su mejor novela. Sus obras han sido traducidas al italiano, al francés y al alemán y cuenta con varios guiones que fueron llevados a la pantalla grande, como “Eva Perón”, que fuera estrenada en 1997.

Sin embargo José Pablo Feinmann llegó a las masas gracias a la televisión: es para muchos “el filósofo de la tele”, algo que aunque parezca contradictorio, él sabe llevar adelante con dinamismo y contenido. Así suma una arista más a sus diferentes facetas, convirtiéndose en un personaje difícil de encasillar: ¿filósofo?, ¿novelista?, ¿guionista?, ¿presentador de tv? Sin dudas Feinmann es todo eso y a la vez nada de eso, porque ninguna de esas aristas logra definirlo.

Actualmente Feinmann lanzó su segundo tomo de “Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina”, editado por Planeta. Se trata de un inmenso ensayo generacional que tiene lugar entre la primavera camporista y los prolegómenos del último golpe cívico militar. Además tiene bajo la manga una nueva novela que él mismo considera uno de los puntos más altos de su producción ficcional.

A continuación el reportaje que revista Debate le realizó a José Pablo Feinmann:

-Se habló mucho del kirchnerismo como recuperación-continuidad-herencia de al- go llamado “setentismo”. ¿Cuánto de eso hay?

-Hay mucho de eso. Sobre todo, durante la primera etapa de Néstor. Cristina va camino de hacer algo verdaderamente superador. Llamaría al primer kirchnerismo como la etapa superior del camporismo. Incluso, con algunos nombres de ese período. Están Esteban Righi, el Canca Gullo, Jorge Bernetti, más Juan Manuel Abal Medina, tan brillante como su padre. Además, es en ese momento que se recupera la idea de la juventud. Esa idea queda más clara al final de su vida, pero es en ese momento cuando empieza a despuntar. No nos confundamos: Cámpora pensaba hacer un gobierno keynesiano. En el capitalismo las cosas son claras: o neoliberalismo o keynesianismo. No se puede inventar mucho más, por el momento. Ahora, hay que tener verdadero coraje para hacer keynesianismo. Cuando Cristina dice “no voy a importar ni un clavo”, lo está haciendo. Y está haciendo gelbardismo, también.

-Un punto en común, entonces, sería la recuperación de la esperanza. Desde el retorno de la democracia, salvo en algún momento del primer alfonsinismo, no se había dado.

-Es cierto. En términos de esperanza, no. En la campaña de Alfonsín (el padre, obvio), algo de eso hubo. Era el Alfonsín de los discursos duros, el que tiene la valentía de decir que la “dictadura cegó vidas sin piedad”. Y muchos peronistas salieron a decir que era un provocador. Es el Alfonsín que rechaza la ley de autoanmistía de los militares que el peronista Italo Luder aceptaba. En ese momento, como en muchos posteriores, el camporismo era una especie de delito. En la figura de Righi se centraba la supuesta ridiculez del tipo que dio un discurso retando a la policía… Así era leído, entonces. Y hoy Nilda Garré reta a la policía y saca el nombre de Alberto Villar, al que había nombrado Perón, de una escuela de oficiales. El líder del movimiento lo puso de jefe de policía a ese asesino, torturador y educado por la Escuela Francesa… Y años después, la ministra de Defensa de un gobierno peronista saca su nombre. Entre otras cosas, es también una negación de aquella política de seguridad de Perón.

-Antes dijo que el primer kirchnerismo retoma los bríos del camporismo, pero que lo de Cristina era algo superador. ¿En qué sentido?

-Tengo una hipótesis: Cristina va a ir más allá en muchas cosas; incluso, más allá de lo esperado. En términos democráticos, por ejemplo, cuestión con la que el peronismo, hay que decirlo, no se llevaba muy bien. ¿Cómo hubiera solucionado el primer Perón el conflicto con Clarín y La Nación? Los hubiese intervenido, como intervino La Prensa. Nadie hubiera podido decir por radio las barbaridades que hoy dicen de Cristina o que dijeron contra Kirchner, o contra cualquiera que apoyara al kirchnerismo, entre los que me incluyo. La democracia está incorporada al kirchnerismo y al respeto de los medios, también, más allá de lo que puedan decir. Con Clarín está dando una lucha. No va a intervenir o clausurar el diario. Nada de eso. Lo que hace es promover leyes que democraticen la prensa, que combatan la figura del monopolio. Cristina lo dice bien: gobierno nacional, popular y democrático. Lo democrático, en el peronismo, es nuevo.

-Es una definición fuerte.

-Lo es. Los gobiernos peronistas eran nacionales y populares. Así fue en los cuarenta. Y, en los setenta, la democracia no tenía prestigio. No lo tenía para la JP, ni mucho menos para los otros, que nunca le tuvieron aprecio. Me hace gracia cuando dicen defender la democracia desde el diario La Nación o desde la Sociedad Rural. Mucha gracia. Esto que ofrece el kirchnerismo, es un cambio en esa tradición.

-Le da una nueva institucionalidad, usted dice, a ese componente nacional y popular.

-Es así. Ese componente nacional y popular, no se va a desarrollar revolucionariamente, sino democráticamente. Es decir, va a ser una voz entre todas las voces que surjan. Y esto es nuevo. Nunca lo nacional y popular contempló lo democrático. Cristina acaba de criticar a Perón porque, en la Constitución de 1949, que fue una gran Constitución, no figuraba el derecho a huelga. Es cierto. El hecho de atenuar la simbología peronista también es otro indicador. Los actos de Cristina no se caracterizan por el escudo justicialista, ni por grandes fotos de Perón. Se está acercando mucho a los países latinoamericanos, pero no como una dirigente peronista, sino como la Presidenta de la Nación.

-En su discurso de reasunción hizo una mención muy dura respecto de las corporaciones, en la que incluyó al sindicalismo. ¿Cómo ve la relación a futuro? ¿Cómo evalúa la continuidad, a pesar de las tensiones; o, más bien, supone un reordenamiento?

-Me gustaría más esto último. Y espero que los sindicatos tengan la suficiente inteligencia como para no agredir al Gobierno elegido con el 54 por ciento de los votos. Ahora, si incluye a los sindicatos entre las corporaciones es justo, digámoslo. Perón no los hubiera incluido, porque estaba orgulloso de que los sindicatos fueran una creación del Estado peronista. Apuesto a la modernización política de la Argentina y a la creación de un partido moderno en el cual las resoluciones se tomen democráticamente, desaparezca el dedo como única unción posible… Un partido que enfrente al imperio, que sea latinoamericanista y que respete mucho las voces opositoras, si las voces opositoras respeten al partido que está gobernando. No vaya a ser cosa de que sigan en esta carrera de insultos y agresiones…

-¿Cree que eso está en la cabeza de Cristina?

-Creo que sí. Cristina es moderna. Y es mujer. Ahí ya está el cambio. Tiene un gabinete con gente joven. Es un gobierno joven que va a ir diluyendo las actitudes del viejo peronismo. ¿Alguien nombra, acaso, las veinte verdades peronistas? Claramente, no.

-En El flaco, usted cuenta cuando le sugiere a Néstor Kirchner tomar distancia del peronismo en tanto estructura de poder y decidirse a construir “otra cosa”. ¿Sobre qué bases de poder, partidaria y política, cree que se apoyará Cristina en esta nueva etapa?

-Espero que no tenga que volver a apoyarse en el llamado aparato peronista. Revolucionario sería poner el ojo en intendentes, comisarios y personajes oscuros del Conurbano, y limpiar todo eso. ¿Cómo se termina con todo eso? Con trabajo. Si ella dinamiza los puestos de trabajo, se reduce el delito. ¿Cómo? Dinamizando la pequeña y mediana empresa a lo largo de todo el país… Tenemos que construir un país, de una vez por todas. No como hizo la oligarquía, que construyó una ciudad de palacetes franceses para el disfrute de su clase ociosa y aniquiló el potencial del resto. Hay que hacer un país con mercado interno, con industrias, con obreros que ganen salarios dignos…

-De todos modos, parece existir una mayor inclinación de Cristina a conducir el PJ, rebasando sus límites, pero reafirmándose dentro de esa matriz. Entre otras cosas, porque los intentos de explorar algo más allá no tuvieron los resultados esperados.

-Es una tarea difícil por el nivel del sistema político. ¿Lo vio a Ricardo Alfonsín revoleando los anteojos en la reasunción de Cristina? Con políticos o semipolíticos como ésos es poco lo que se puede hacer. A ese tipo no sólo hay que enseñarle el ABC de la política, sino también el ABC de los buenos modales. Solamente un grosero puede hacer eso mientras habla la Presidenta de su país. Ojalá Cristina tuviera con quien hablar, tuviera interlocutores de nivel, pero no los tiene… Tendría que poder hablar con Hermes Binner. Pero Binner debería mostrar un lenguaje acorde. ¿Qué intercambio interesante se puede dar con Lilita Carrió? O hay un cambio de la dirigencia opositora o la madurez política tardará demasiado en llegar. La Presidenta dio muestras claras de avanzar en eso. En ese mismo acto, no sólo dijo “quiero gobernar para todos”, sino que dio instrucciones para que no hubiera ataques a Julio Cobos.

-¿Qué cree que puede pasar con el sistema de partidos? ¿Cree que se reordenará en un clivaje centroderecha-centroizquierda, con el macrismo como contraparte, o la oposición surgirá del mismo peronismo, del peronismo que vaya dejando de ser kirchnerista?

-Permítame una consigna: keynesianismo o Consenso de Washington. Ésa es la contradicción en la Argentina. Cuando digo keynesianismo digo Estado benefactor, nacional, popular y democrático. Cuando digo Consenso de Washington, lo que ya sabemos: primacía de la economía de mercado, destrucción del Estado, cambio preferencial del dólar para los exportadores y flexibilización laboral y ajuste.

-¿Y traducido en términos de sistema político?

-De un lado está Cristina; del otro, veremos. Hay muchos que conocen el manual del Consenso de Washington. Ya lo vimos en el pasado, y sabemos cuánto añoran eso dirigentes políticos, analistas y algunos intelectuales. Y después está la Embajada norteamericana. No nos olvidemos de que existe y que opera. Está aquí y baja línea a los grandes periodistas y a algunos partidos.

-Hay sectores sociales opositores que no tienen representación política. Y buscan emergentes para expresarse. El “campo” lo fue en su momento. También la inseguridad. ¿Qué canales de expresión pueden darse?

-Ahora están las corporaciones, lisa y llanamente. Y se van a jugar a la inflación como válvula de escape. Las corporaciones económicas no son nacionales, no les interesa el mercado interno ni la construcción de un país democrático. Esa gente está guiada por la codicia. No les importa el país, que haya patria o nación. Voltearon a Alfonsín e intentaron desestabilizar a Cristina. Pero con Cristina no van a poder. Lo que tiene que tener éste o cualquier gobierno es caja para frenar a las corporaciones. Cristina lo sabe; Alfonsín no la tuvo. Y eso lo van a tener que entender muchos. Porque para tener caja, que en términos políticos quiere decir contar con un Estado fuerte y solvente, algunos van a tener que desprenderse de los subsidios que tenían. Y van a tener que gravarse las acciones y la renta financiera, las importaciones suntuarias…

-En sus últimos discursos, Cristina habló varias veces de “capitalismo en serio”. ¿Qué implicancias tiene eso en un país como el nuestro?

-Capitalismo en serio significa capitalismo con inclusión. Pero he aquí el problema: el capitalismo, ¿es un sistema que permite la inclusión? Es una pregunta para hacerse. Una respuesta posible, provisoria, es que permite la inclusión si está regido poderosamente por la intervención estatal. Pero eso, ¿es capitalismo o proteccionismo de Estado?

-Después hay otros factores: posición periférica del país, su composición de clase, su estructura productiva.

-Sí, es cierto. Pero un factor importante es la unidad de los presidentes latinoamericanos, que tienen que estar dispuestos a jugarse el pellejo para concurrir a cualquier lugar donde se intente un golpe, como ya ocurrió en estos últimos años.

-Entre los muchos términos que se recuperaron en estos años está el de una cierta noción, no definida de manera precisa, de “burguesía nacional”. ¿Ése es otro problema?

-La burguesía nacional tiene el temperamento ontológico de la clase media. ¿Quiere ganar plata para ser burguesía nacional o quiere ganar para ser burguesía multinacional? Éste es el asunto. No sé si la burguesía nacional quiere o está contenta con producir para el mercado interno. Ni sé si quiere hacer dinero con la producción y no con el dinero mismo. Una verdadera burguesía hace dinero con el trabajo, aunque le extraiga plusvalía al obrero. Eso está explicado de manera clara y negativa en El capital, de Karl Marx. Aquí no tenemos ese sujeto definido. Sino que tenemos una burguesía más bien medrosa, cortoplacista, mediocre.

-¿Qué le pareció el discurso de reasunción de la Presidenta?

-Hay un disparador fundamental: Cristina dejó en claro que su gobierno seguirá siendo de base popular y que su impulso mayor seguirán siendo las obras de infraestructura, con trabajo, con inserción en un esquema productivo. Ahora, ¿qué política tener respecto de las corporaciones? Ahí lo veo difícil. A las corporaciones se las conquistas cediéndole cosas; peleando contra las corporaciones es muy difícil. Una alternativa sería dar un nuevo voto de esperanza a las pequeñas y medianas empresas. El último, digamos. Hay que volver a hacer de localidades como Munro centros de producción a toda escala. Lograr que Munro vuelva a ser una fiesta. Que vuelva a llenarse de fábricas.

-Se habla de un supuesto giro a la derecha, de un punto de inflexión y de entidades empresarias más a gusto con esta etapa que los dirigentes sindicales. ¿Qué le parece esa evaluación?

-¿Un giro a la derecha? No, eso es político. Un giro a la derecha es lo que anhelan esos personajes. Cuando se hace política se negocia con todos, pero hasta cierto punto. Perón lo decía en sus términos: “en política, hay que darle al adversario el cincuenta por ciento, pero uno tiene que quedarse con el cincuenta por ciento más importante”. Eso está en Conducción política. Por supuesto, en cierto momento te encontrás que estás negociando con la derecha. Y ahí te viene toda la izquierda boba y te vuelve loco, porque a la izquierda de algo siempre se puede estar… En verdad, no están a la izquierda, están en otra galaxia. En política, a veces, hay que dar dos pasos. Dar tres o uno, es un error. Si se dan tres es posible que no puedas sostenerlo y que se convierta en un retroceso. Si se da uno, es que no hubo voluntad suficiente. Ahora, el que da los dos pasos, y los dos pasos adecuados, está convirtiendo la política en posibilidad, en el sentido heideggeriano.

-Cosa que a veces se confunde con posibilismo.

-Eso no es posibilismo. Porque el que negocia está abriendo un horizonte de posibilidad, que es lo que define a la existencia. Hacer política es abrir los caminos de la posibilidad, precisamente. Lo que llamo “la creación de lo posible”. Y eso se crea haciendo política. Para los filósofos, la política la hacen los sujetos. Y los sujetos que hacen política son sujetos constituyentes. Y el sujeto que hace política lo hace a través de la praxis. El hombre es el centro de la política, y no una porquería arrojada al costado de la estructura. Ahora, para eso se necesita conducción política y buena administración de tiempos. Cristina los tiene.

-¿Cómo piensa que podrá retener los apoyos conseguidos? Por naturaleza son apoyos diversos y fluidos, heterogéneos y lábiles.

-Que nadie se confíe. No hay “el 54 por ciento”. La clase media votó a este gobierno para seguir veraneando, para seguir teniendo coches cero kilómetro, para seguir comiendo en los buenos restaurantes, porque se dio cuenta de que este Gobierno era el único que podía conducir el país. Algunos se preguntan: ¿cómo puede ser que primero votó a Macri y después a Cristina? Para los porteños, Cristina es la que les va a permitir seguir haciendo guita, y Macri el que les va a brindar seguridad para disfrutarla.

Fuente: revistadebate.com.ar
Foto: www.perfil.com

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