Laura Catena, hija de Nicolás Catena Zapata, es presidente de la bodega Catena Zapata, una empresa familiar que se ha ubicado entre las más importantes de nuestro país. Sin embargo el vino no es su única pasión: al terminar el secundario decidió estudiar medicina en los Estados Unidos, donde actualmente desarrolla su vida profesional como médica especializada en Emergencias. Si bien estuvo siempre en contacto con la vitivinicultura, cuenta que se involucró seriamente con el mundo del vino con el nacimiento de su hijo Luca: “Apareció otra idea de familia y tradición y le pedí a mi padre que me dejara a cargo del mercado de Estados Unidos”, explica.
En un reportaje con Mauricio Llaver de la revista Punto a Punto, Laura Catena nos cuenta cómo fueron sus primeros pasos en el mundo del vino, su presente profesional y cuáles son sus proyectos para el futuro de la compañía.
-¿Cómo fue su ingreso al mundo del vino?
-Siempre me gustó mucho la historia de la familia, del abuelo que había venido de Italia, en donde ellos, Domingo Vicente Catena y Angélica Zapata, eran todo para nosotros. Mi abuelo había plantado los viñedos y mi abuela era la maestra que ayudaba a los alumnos porque los quería hacer progresar. Ahí empecé a vivir esa fantasía de la historia familiar.
-¿Y ahí se transmitía la pasión por el vino?
-Por el vino y por todo lo demás. En mi familia somos todos muy lectores, muy curiosos, nos gusta investigar. Los fines de semana íbamos a los museos, a bibliotecas, a la Feria del Libro. Mi mamá también me llevaba a hacer voluntariado en distintas instituciones, con lo cual me inculcó la idea de que había que ayudar a los demás. Al punto que, como médica, estuve en un hospital en Senegal. Junto con todos esos valores también estaba el vino.
-Pero no estudió nada relacionado con el vino o la dirección de empresas…
-No específicamente. Cuando mi padre fue a Estados Unidos a dar clases en Berkeley, yo estudié allí. Después estudié biología en Harvard, donde tenía profesores que eran Premios Nobel, y de ahí me nació un gran amor por la ciencia. Allí me gradué como Magna Cum Laude con una tesis sobre el Alzheimer. Pero también estudié diversas lenguas, como latín, inglés, francés o italiano. Después de todo eso, me recibí de médica en Stanford, sin haber pensado nunca en incorporarme a la empresa familiar.
-¿Y cómo llegó entonces a la empresa?
-Cuando estudiaba en Stanford, en los años 80, mi padre venía a visitarme seguido porque comenzaba a exportar a Estados Unidos. Y me hacía probar todos los grandes vinos que conseguía allá. Con 18 años yo ya conocía todas las grandes marcas del mundo, que para la Argentina eran inalcanzables en aquella época. Después mi padre me dio una tarjeta American Express con la condición de que la usara sólo para comprar vinos de primera clase, así que cuando él volvía yo le preparaba degustaciones.
-¿Iban a restaurantes o vinerías?
-No. Degustábamos en mi habitación de estudiante de Stanford. Pedíamos una pizza y yo, en una mesita chiquitita, ponía todos los vinos que conseguía. Era muy divertido y me acuerdo que lo único que mi padre me pedía era que los probáramos en copas Riedel. Cuando me quise acordar, ya de jovencita era una increíble amante de los grandes vinos. Por eso empecé a ir a Mendoza para conocer más de lo que hacía mi padre y para asesorarlo con respecto a lo que veía en Estados Unidos. Así me fui involucrando más y cuando nació mi hijo Luca me cambió todo: apareció otra idea de la familia y de la tradición, y le pedí a mi padre que me dejara a cargo el mercado de Estados Unidos.
-¿Y qué pasó con la medicina?
-¡Continué! Era médica full time, especializada en Emergencias, y a la vez directora de Exportaciones para Estados Unidos. Después me dí cuenta de que no podía con todo y pasé a ser médica “half-time”. Pero sigo con lo mío. Entre la empresa y la medicina se juntan mis dos mundos: el racional, de los negocios, y el de ayudar a los demás, heredado de mi abuela y mi madre.
-¿Y cómo llegó a la presidencia de la empresa?
-Lo central era llegar por conocimiento. Yo sentía que me tenía que hacer respetar por lo que sabía, no por ser la hija de Nicolás Catena. Ingresé en el área de “Research” y pasaron cinco años hasta que me metí en todos los temas. Hoy manejo el área de producción y todos los mercados, salvo el doméstico.
-¿Cuál es el desafío para una bodega como Catena Zapata?
-El desafío central está relacionado con el recurso humano, porque es el que nos va a permitir la diferenciación. Lo demás, lo tenemos todo: viñedos únicos en el mundo y tecnología de primera clase. Así que hoy lo más importante es entrenar personas y crearles una carrera dentro de la empresa. Becamos a gente que está estudiando en Davis, por ejemplo, porque nuestra idea es que tenemos que competir con las mejores bodegas del mundo. Yo quiero que trabajar en Catena Zapata equivalga a estudiar en Harvard.
“Vino argentino”
Laura Catena escribió el libro “Vino argentino”, que lleva vendidas 10.000 copias en Estados Unidos y ha tenido comentarios en el New York Times, Washington Post y la revista Oprah, además de bajarse en Kindle, de Amazon. Se está por lanzar en Argentina en español-inglés y español-portugués y trata “sobre la tradición de 400 años de la vitivinicultura argentina, lo cual nos define como el Viejo Mundo dentro del Nuevo Mundo”.
FOTO: http://www.catenawines.com/eng/newsletter/06/1209752.jpg
REPORTAJE: http://www.papmendoza.com/_quiero_que_trabajar_en_catena_zapata_equivalga_a_estudiar_en_harvard.html





